Tips para lidiar con la incomodidad de montarse en un avión

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Eugenia Arria

eugenia@evospash.com

 

 

 

            Sí, viajar es maravilloso y te regala increíbles experiencias, pero la transición que existe entre tu casa y el destino como tal no suele ser muy placentero que digamos. Viajar se puede volver un estrés cuando pensamos en los documentos que debemos tener a mano, la compra de pasajes aéreos, equipaje, aeropuertos y, quizás lo más incómodo para muchos, tomar aviones. Es probable que a otros esto no les cause ningún tipo de preocupación y que puedan montarse en un avión como si fuera un tren o su mismísimo sofá. No es mi caso: el avión es mi lugar de sentirme como enferma (digo ‘como’ porque no es exactamente ‘enfermadad’ pero tampoco es ‘bienestar’; es como una leve/moderada sensación de resaca). No les tengo miedo, eso no, ni tampoco temo a las alturas, pero sí a la sensación de estar en un entorno en el que mi cuerpo no se siente normal. Hay personas, claro, que sí tienen miedo a las alturas o, incluso, a los accidentes aéreos. Si es esto último, la verdad no deberías darle tantas vueltas a la cabeza con ese tema. ¿Sabías que las probabilidades son mínimas en comparación a los accidentes automovilísticos, por mencionar un ejemplo? Al parecer, contando la cantidad de vuelos diarios en el mundo, la probabilidad de un accidente es menor al 1%. Hay mucho control, pruebas, revisiones, protocolos, y entrenamiento para garantizar la seguridad de un vuelo. Por tanto, es uno de los medios de transporte más seguros -si no el más seguro- del mundo.

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            Ahora bien, si sueles sentir náuseas, te da un poco de nerviosismo la altura, te mareas, te genera ansiedad, te da fatiga, entre otros, quiero compartirte mis recomendaciones. No soy ninguna profesional, es evidente, pero son cosas que me han ayudado a mí a sacarle inclusive provecho a la estancia en el avión. Desde que me tomé en serio el hecho de sentirme mal cada vez que volaba, ha mejorado mi relación con los aviones y ahora mis síntomas no son, ni de cerca, parecidos a los que experimentaba anteriormente. Creo que el truco está en prepararnos.

 

1.      Lo primero es lo primero: pienso en el destino y en las experiencias venideras. Me lleno y recargo de la energía buena que trae la emoción de ir a un lugar nuevo (o de volver a un lugar que te encanta). Me hago la idea de que mi paso por el avión y el aeropuerto es algo fútil e insignificante si lo contrasto con la exploración que le sigue.

 

2.      Hidratación antes y durante el viaje. Esto es clave, ya que durante el viaje en avión (debido a la altura y la presión atmosférica) nuestro cuerpo se deshidrata. Sí, sí, pierde agua. Por eso es tan importante reponerla y tomar suficiente agua, y alimentos ricos en agua, el día anterior. La deshidratación no te dejará sentirte en tu óptimo estado y además abrirá las puertas a posibles bacterias, es decir, resfriados o gripes. Mantenerte hidratado/a te permite ser más resistente, o mejor dicho, crear una barrera protectora contra los posibles patógenos. Igualmente, te ayudará a sentirte con mayor energía, pues la falta de agua es también una de las causantes del cansancio o la fatiga. Y, ¿quién quiere sentirse cansado/a o enfermo/a una vez en su destino?

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3.      Planifico mi tiempo en el avión. Quiero decir con esto lo siguiente: hago un plan para ocupar mi tiempo en el avión. Puede ser que me lleve una novela o una antología poética para leer, una libreta para escribir, mi laptop para revisar y responder e-mails, música o alguna otra actividad creativa o recreativa. Asimismo, hago uso de las películas que ofrecen en el mismo avión y aprovecho de ver ese tipo de películas que siempre he tenido curiosidad de ver pero que sé que nunca voy a ver: ¿qué mejor lugar para despachar ese deseo/no-deseo que el avión? Depende de la cantidad de horas de vuelo, llevo o planifico ciertas cosas para hacer. No quiere decir que cumpla con mi plan al pie de la letra, pero se trata de tener opciones que te mantengan ocupado/a y lejos de la ansiedad. Por otro lado, muchas veces también aprovecho para dormir o incluso solo para intentar no pensar en nada y enfocarme nada más en mi respiración y mi estar-presente.

 

4.      Llevo (o compro en el aeropuerto) snacks saludables. Por ejemplo, fruta, dátiles, chocolate oscuro, barritas energéticas con ingredientes naturales, etc. Me sirven sobre todo para el despegue y el aterrizaje. El azúcar de estos alimentos ahuyenta cualquier sensación de mareo o incomodidad que pueda sentir en esos dos momentos cruciales, además que me hacen concentrarme en el rico sabor en mi boca y no en la sensación de estar en el aire. Hay personas que mastican chicle, también, y les ayuda a evitar que los oídos se tapen. También suelo comer, durante las escalas, otras cosas como pedacitos crudos de zanahoria, hummus, ensaladas y alguna otra comida refrescante que no me caiga muy pesada y esté cargada de nutrientes.

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5.      Tomo una pastilla para el mareo y las náuseas media hora antes de subirme al avión.  Esta pastilla se puede conseguir en cualquier farmacia (recuerda que también hay farmacias dentro del aeropuerto) y están diseñadas precisamente para evitar las náuseas, mareos y vómitos que ocasiona el movimiento de los medios de transporte. Generalmente las venden con cafeína, pero también sin ella. Yo me decanto por esta última, pues no me gusta mantenerme súper alerta mientras viajo, sino que más bien busco relajarme. También opto por tés y/o infusiones relajantes como manzanilla, tila, valeriana, o Melisa, bien sea antes o durante el viaje. Otras veces también me suplemento con zinc, b12 y/o probióticos para optimizar mi sistema inmunitario.

 

6.      Atiendo a mi respiración y trato de no contar las horas. Créeme, mientras más veas el reloj, más lento va a pasar el tiempo. Puedes verlo un par de veces, pero que no se vuelva un vicio. Concéntrate en tus cosas, tu descanso, lectura, escritura o lo que hayas decidido hacer en ese tiempo y no olvides respirar. Suena básico y absurdo, mas es así: muchas veces tendemos a aguantar la respiración o no respirar bien mientras estamos en un momento no tan cómodo. Esto puede hacerte sentir mareos o atontamiento. Así que pendiente con tu respiración.

 

            Estas son mis pequeños tips para lidiar mejor con la idea de montarte en un avión o la sensación incómoda de estar dentro de él. Anímate a probarlos y ¡no dejes que nada te sabotee tu viaje! Recuerda que lo importante es tu destino y tus mejores experiencias se construirán y formarán allí. Cuéntanos, ¿tú agregarías alguna otra recomendación o has probado alguna de las aquí expuestas?

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